Bueno, y por fin como cada año llegó ¡SAN VALENTÍN!, ¿quién narices lo invitaría para que vuelva cada año?. Mi relación con San Valentín, "Val" para los amigos, empezó desde muy jovencita (ya decían todos que era una niña muy precoz).
Me inicié en este ritual cuando estaba en el colegio. Todavía me acuerdo lo tonta que me ponía cuando se iba acercando el gran día ¡el 14!. ¿Quién no se ha puesto algo rojo en este día para indicar como un semáforo que tienes novio?. Yo no tengo todavía muy claro si me lo ponía para señalar mi nueva "situación familiar", o para provocar la curiosidad de todas mis amigas del cole y ser el centro de atención contestando con evasivas e intrigas la avalancha de preguntas que me hacían (en plan "mujer fatal").
La realidad es que me comían los nervios esperando que ese chico (que por cierto con el que nunca había hablado y seguramente no sabría siquiera mi nombre, ni tampoco creo que tubiera mucha intención de saberlo) se presentara en la puerta del "cole" con un ramo de flores (eso sí, delante de todas mis compañeras para que así se pusieran verdes de envidia), junto con un poema de amor y frases como la de -"me gustas mucho, ¿quieres salir conmigo?"-.
[Porque en mi época, cuando a una chica le gustaba un chico no hacía nada, únicamente el tonto y como dijo no sé quién: "un tonto es aquel que hace tonterías", y por aquél entonces de eso las chicas íbamos sobradas. Pero ellos tampoco tenían desperdicio: aires de machito, todo el rato haciéndonos la competencia (sobre quién hace las tonterías más gordas), con esas "pseudo-pelusillas" viriles,...]
Pero lo mejor era la "amiga" del alma. Claro, yo no le iba a decir a ese chico que me gustaba, así que había que lanzar una avanzacilla, para saber por donde pisar y claro, ¡nadie mejor qué mi mejor amiga!!
-"Mari, pregúntale cómo se llama....."--"Mari, pregúntale qué edad tiene....."-
Así qué mucho -"Mari por aquí"-, -"Mari por allá"- ........., y mientras yo no era capaz de hablar con él ni para darle los buenos días, mi amiga se pasaba horas hablando con él, -!Ay (en plan suspiro), qué buenos amigos se están haciendo!-.
Al final, él, después de un "acoso y derribo" final, me hizo la maravillosa pregunta:
-"¿Quieres salir conmigo?-
Y yo contesté como una boba a aquel imberbe desgarbado:
-"Sí"-
Y entonces empezamos a ir al cine o a la hamburguesería de moda (en Alicante había una en la calle del Teatro ¿os acordáis alguno del nombre?), eso sí, siempre íbamos juntos: él y yo y mi "amiga del alma". ¿Amiga? ¡era cómo tener al enemigo en casa!, porque sin darme cuenta, mi enamorado me suelta un día de sopetón:
-Oye, qué corto-
-¿Qué cortas? bueno, pues vale no pasa nada. Me voy con Mari.
-Mira, es que "le he pedido de salir" a Mari y me ha dicho que sí.
Bueno, no quiero contaros cómo se me quedó el cuerpo, pero bueno, de eso hace muuuuuchos años. Quizás otro día (u otro San Valentín), cuente otra experiencia.
¡Feliz día a todo el mundo! y quereos mucho, pero no sólo el 14 de febrero, sino durante todo el año. Bsos.
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Son todo habladurías....